El consumo de carne de vacuno es hoy una fuente emisora de gases de efecto invernadero, y por ello la industria de alimentos ha empezado a plantear soluciones que mitiguen ese efecto mediomabiental, basadas en los métodos de su producción.

Una de las soluciones estudiadas ha sido el cultivo en laboratorio de carne de res, ante lo cual expertos han coincidido que debe avanzar su investigación, y especialmente desarrollar formas de producir carne cultivada de la manera más eficiente posible.

Sin embargo esta es una posibilidad con cara y sello, según un estudio publicado bajo el sello de la editorial científica Frontiers, para la sección de Sistemas Alimentarios Sostenibles, el cual concluyó que la carne cultivada en el laboratorio no puede aliviar todos los impactos climáticos perjudiciales sin una transición a gran escala hacia un sistema energético descarbonizado.

El autor principal del documento científico ‘Impactos climáticos de la carne cultivada y el ganado vacuno’, el doctor John Lynch, señala que “los impactos climáticos de la producción de carne cultivada dependerán del nivel de generación de energía sostenible que se pueda lograr, así como de la eficiencia de los procesos de cultivo futuros”.


"Tanto la carne cultivada como la ganadería tienen insumos e impactos complejos que deben considerarse para apreciar plenamente su efecto en el medio ambiente."
- Estudio 'Impactos climáticos de la carne cultivada y el ganado vacuno'

El análisis evaluó el nivel de afección del cambio climático de varios métodos de producción para la carne de vacuno cultivada en el laboratorio y la granja, en función de los diferentes gases de efecto invernadero producidos.

Para proporcionar una comparación rigurosa de los cambios climáticos potenciales de la carne cultivada en el laboratorio y el ganado de carne, los investigadores examinaron los datos disponibles sobre las emisiones asociadas con los tres métodos actuales de cría de ganado y cuatro posibles métodos de cultivo de carne, asumiendo que los sistemas de energía actuales permanecen sin cambios.

El estudio destaca que tanto la carne cultivada como la ganadería tienen insumos complejos que deben considerarse para apreciar plenamente su efecto en el medio ambiente. Por ejemplo, disponer de más tierras de pastoreo para el ganado a menudo resulta en una deforestación significativa que podría aumentar considerablemente el dióxido de carbono (CO2), mientras que la producción de alimentos en los laboratorios urbanos podría liberar tierras para almacenar CO2.

“El ganado es muy intensivo en emisiones porque produce una gran cantidad de metano a partir de la fermentación en sus entrañas”, explica el coautor del estudio Raymond Pierrehumbert, profesor de física en la Universidad de Oxford. “Por tonelada emitida, el metano tiene un impacto de calentamiento mucho mayor que el dióxido de carbono, sin embargo, solo permanece en la atmósfera durante unos 12 años, mientras que el dióxido de carbono persiste y se acumula durante milenios”, añade.

El estudio descubrió que algunas proyecciones para la adopción de formas particulares de carne cultivada podrían ser mejores para el clima, pero otras podrían conducir a temperaturas globales más altas a largo plazo.

“Esto es importante porque, si bien la reducción de las emisiones de metano sería buena, y una parte importante de nuestras políticas climáticas, si simplemente reemplazamos ese metano por dióxido de carbono, en realidad podría tener consecuencias perjudiciales a largo plazo”, advierte Lynch.