Los problemas derivados del calentamiento del planeta acarrean consecuencias en el medio ambiente y, por tanto, en la producción de alimentos.

Uno de los retos que plantea es saber identificar los riesgos para una mejor adaptación y mitigación de los efectos, sobre todo en el campo de la agricultura y la seguridad de los alimentos, dos de los sectores de mayor riesgo. Los estudios no son nada alentadores, se estima que las consecuencias del cambio climático disminuirán de forma considerable la producción de cultivos en 2030, un descenso provocado sobre todo por el calor y la sequía.

En 2009, un estudio publicado en Environmental Health Perspective ya explicaba que el calentamiento del planeta tendría consecuencias en las infecciones transmitidas por los alimentos.

Una de las principales consecuencias, según las investigaciones publicadas, es que el incremento de la temperatura en la superficie del mar provoca una mayor incidencia de enfermedades infecciosas transmitidas por el agua y vinculadas a la presencia de toxinas.

La sequía provoca sobre todo una pérdida de vigor de las plantas, lo que hace que estas sean más susceptibles a las enfermedades. Las inundaciones y lluvias fuertes, en cambio, favorecen el crecimiento de hongos patógenos en las hojas y muchos organismos que causan enfermedades se propagan con las corrientes de aire.

Así mismo, estudios se han centrado en cómo influye el cambio climático en el sabor y características de los alimentos. La mayoría de ellos ya han constatado que, en la fruta, el aumento de las temperaturas afecta a la fenología de muchas especies de árboles frutales. Y que no solo las temperaturas tienen consecuencias en la producción, también influyen las lluvias, que alteran sobre todo el proceso de floración.