Un aspecto fundamental que debe tener en cuenta las personas que trabajan en la industria de alimentos es que los alimentos son perecederos por lo que es necesario contar con máquinas y transporte adecuado que mantenga las temperaturas adecuadas para que el alimento no se descomponga fácilmente y llegue fresco al cliente final.

El alimento debe ser refrigerado antes del envío porque puede generar calor y con ello, se puede dar la degradación del producto. El éxito del control de la temperatura inicia con el proveedor. La temperatura del producto y del contenedor debe estar en equilibrio durante el proceso de carga. Si esto no sucede, el aire caliente puede entrar al contenedor causando condensación, formación de hielo y daños estructurales a los contenedores.

El producto debe colocarse en los contenedores de manera que promueva el flujo de aire y no se debe colocar encima de la línea de carga. Así, ya se puede enviar a los centros de distribución.

Conozca a continuación algunos de los rangos de temperatura de transporte comúnmente aceptados para diversos productos:

  • 13 ° C a 16.6 ° C – plátanos
  • 5.5 ° C  a 12 ° C – tomates, cebollas amarillas, patatas
  • 0 ° C a 4 °C – productos generales, incluyendo verduras de hoja, manzanas, brócoli, zanahorias, coliflor, champiñones, cebollas verdes, bayas, maíz
  • 2.2 ° C a 4 ° C – carne (carne de res, cerdo, aves, mariscos) y productos lácteos
  • -23 °C a -9 ° C – alimentos congelados

Los jefes de control de calidad son los que ayudan a verificar que el producto llegue en óptimas condiciones y no existan posibles fugas. Para ellos, es indispensable comprobar el dispositivo de control de temperatura que brinda información histórica de la temperatura que mantuvo el producto durante todo el trayecto.

Cualquier cambio de temperatura genera un daño en la comida que será visible en la calidad y la vida útil del producto.

Cuando el producto llega a los centros de distribución, se envía a los distintos puntos de venta. Allí, también es importante hacerle monitoreo a la cadena de frío porque ayuda finalmente a mantener la rentabilidad y la calidad del producto, mientras disminuye los desperdicios, porque un programa integral de la gestión de la cadena de frío mitiga los riesgos.  

Información tomada de: www.industriaalimenticia.com

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