Transcurría el año 2004 cuando David Lemoine y su esposa, Claudia Bernal, ambos citadinos por definición, pero con un fuerte deseo de acercarse más al campo y convertirlo en su estilo de vida, deciden trasladarse al municipio de Subachoque, lugar donde más tarde nacería un exitoso emprendimiento en la elaboración de derivados lácteos.


"Es importante ceñirse a los principios, a la filosofía. El volver a lo simple, a lo natural en Dejamu nunca va a cambiar, independientemente del crecimiento o evolución tanto de la compañía, como del mercado"
- David Lemoine, fundador de Dejamu

“Claudia y yo queríamos vivir en el campo desde muy jóvenes. Trabajamos como profesionales: ella en artes y yo en música, en Bogotá, y aunque no teníamos ningún conocimiento de la vida del campo, sabíamos que no queríamos una finca de fin de semana, sino ser campesinos”, relata Lemoine, gerente general de la compañía.

A su llegada a la finca recibieron de su padre una vaca lechera como regalo, y esto, sumado a que uno de los pasatiempos de su esposa era elaborar quesos y yogures, se convirtió en el punto de partida para lo que hoy es una de las empresas más prometedoras en el sector lácteo colombiano: Dejamu.

Actualmente cuentan con 120 referencias entre yogures bebibles sin dulce, endulzados con azúcar y estevia entre griegos y veganos.

De mil litros de leche diarios en 2014, a la fecha transforman más de 20 mil, un crecimiento que fue  posible gracias a la comercialización, primero en las grandes superficies, y luego en los hard discounts.

“Cuando empezó la marca, yo tenía una amiga que trabajaba en Surtifruver y queríamos entrar. Así empezamos a comercializar, lo que trajo retos importantes, como adecuaciones de la planta que teníamos y tramitar los registros sanitarios, entre otros. En cuestión de dos o tres meses debimos montar realmente un sitio, hacer etiquetas y envases”, afirma.

planta trabajo dejamu

En una década pasaron de vender quesos y yogures a familiares y amigos, aprovechando un pequeño hato de su propiedad para suplir la demanda de 300 litros diarios de leche, a necesitar 20 mil, los cuales son abastecidos por 500 productores lecheros de Zipaquirá y Sopó.

Hace cinco años solo Dejamu producía yogur griego, un producto que para entonces se denominaban “postre de yogur” y que no contaba con la popularidad de estos días. Lemoine reconoce que afortunadamente las grandes marcas lo empezaron a lanzar con sus propias referencias. “Ellos hicieron la inversión en publicidad que necesitaba el producto, y ahí empezamos a repuntar en las ventas. La competencia no nos aplastó sino que nos ayudó porque el yogur griego entró en furor de un momento a otro”.

A partir de entonces, las cadenas empezaron a solicitarlo. Sin embargo, para ese momento, el mercado estaba dominado por las grandes superficies, y eso implicaba que tanto el proveedor como el consumidor tenían que acogerse a reglas y negociaciones no siempre fluidas.

Con la llegada del los hard discount el modelo cambió completamente para beneficio de todos. Así lo advierte el gerente general de Dejamu: “Al proveedor le quitaron la carga que tenía con las grandes superficies y se lo trasladaban al consumidor, ganando lo justo”.

Fieles a sí mismos

David y Claudia hacen meditación zen, una práctica que impactó sus vidas no solo a nivel personal sino empresarial, transladando a Dejamu una filosofía basada en volver al origen y a lo natural, con una producción que mitigue el impacto ambiental, bajo un eje fundamental: el silvopastoreo.

Lemoine explica que este modelo consiste en reforestar las praderas para que los árboles interactúen con los pastos, un sistema que ha sido eficaz y que ha traído varios beneficios. Por ejemplo, las praderas necesitan menos riego porque no se evapora el agua; a los animales les da sombra; si se siembran leguminosas los árboles fijan el nitrógeno y no es necesario añadir abonos artificiales, entre otros. En resumen, se restaura el equilibrio ecológico de la finca.

Con 150 empleados, el proceso sigue siendo artesanal. Lemoine asegura que “en realidad para nuestra producción actual bastaría con siete personas a cargo, pero el yogur griego que hacemos sigue la receta original. Ahora lo que se hace en la gran industria es añadir sólidos, eso baja costos. En nuestro caso, del total de litros de leche usados diariamente, alrededor de un 65% se pierde durante la elaboración del producto”.

En esta empresa lo que más importa es la calidad, y la fidelidad a una esencia de trabajo que está en armonía con el entorno. Si bien la mano de obra tratan de reducirla, esperan que nunca la calidad del producto se vea comprometida.

Pero la filosofía de Dejamu también involucra el precio, el cual para sus creadores siempre deberá ser justo. “Nunca hemos pensado que por ser un yogur natural y gourmet hay que propender por una utilidad del 200%, por el contrario, la ganancia es estándar y no cambia dependiendo del producto o el cliente. Tratamos de tener márgenes pequeños para poder llegar a más público”, agrega David Lemoine.

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De izquierda a derecha: Claudia Bernal y David Lemoine, fundadores de Dejamu.