La región pacífica colombiana es el epicentro de la producción de palmito y acaí de Corpocampo, una empresa que desde 2003 vela por brindar una alternativa de empleo digna y legal a las comunidades de esta zona, una de las más pobres del país que se ha visto altamente afectada por el conflicto armado.

En Guapi, Buenaventura y Putumayo, 60 mujeres cabezas de familia son quienes hacen posible la producción en las fábricas de la compañía, cuyo objetivo es mecanizar lo menos posible para poder seguir generando empleo a la comunidad.

Edgar Montenegro, CEO de Corpocampo, asegura que “en estas regiones la única opción de trabajo es cultivar coca o minería, y el palmito fue una alternativa para ellas. Queríamos generar ingresos a esos campesinos que quieren dejar los cultivos ilícitos, que ellos tuvieran siempre su compra asegurada, y ayudarles en la implementación de los cultivos. Queríamos hacer parte de la solución”.

Siendo los campesinos el centro de la labor que hace Corpocampo, el año pasado la empresa decidió comprarles una finca, darles asistencia técnica y las semillas, para que cultiven 50 hectáreas que en el futuro serán de ellos, ya que la idea es que lo vayan pagando.

Corpocampo se dedica al palmito (200 hectáreas) y desde 2009 a su fruto: el acaí (60 hectáreas), considerado una súper fruta de gran potencial comercial en el exterior. A la fecha han desarrollado mermelada, salsa, pulpa congelada y sorbet de acaí, y en Bogotá cuentan con puntos de venta especializados.

A la par de la diversificación, se está ampliando la fábrica de Putumayo con miras a la certificación HACCP e Iso 22.000. La empresa cuenta con las certificaciones IFS (International Food Standard) y Ecocert; y exporta actualmente palmito y acaí hacia Europa, Estados Unidos, Chile, México, Australia y Nueva Zelanda. En Colombia comercializan directamente con su marca, y maquilan para grandes superficies.

Por su constante apoyo al campo, y el fortalecimiento del tejido empresarial en el Putumayo, Corpocampo fue galardonada este año con el premio Business for Peace, que como dice Montenegro: “es como el premio nobel de paz para empresarios”. Esto se suma a hacer parte de las 250 empresas que hacen negocios inclusivos de las Naciones Unidas.

“Queremos ayudar a generar paz en el territorio y oportunidades. Queremos crear un centro de formación porque pensamos que la educación tiene que ir de la mano de los proyectos, donde los campesinos se tecnifiquen”, dice.


""LAS PEQUEÑAS REVOLUCIONES SON LAS QUE TRANSFORMAN UN PAÍS""
- Edgar Montenegro