Las publicaciones sobre tendencias siempre generan especial curiosidad. ¿Qué será lo que va a pasar en el futuro? ¿Qué cosa interesante está por pasar?

En este mundo globalizado, más que tendencias de unos pocos consumidores en algún lugar lejano, estamos siendo testigos de nuevos hábitos.

Los consumidores en vez de seguir las tendencias, están realizando actos repetidos con respecto al consumo de alimentos y bebidas, que hoy en día pueden ser observables. A partir de dichas observaciones se han ido desarrollando algunos conceptos, como:

Soluciones saludables

La salud es aspiracional. Lo artificial, lo químico es considerado perjudicial. El terminado mate o el papel presentan empaques de aspecto más natural. El blanco o color kraft se vuelven protagonistas que responden a los hábitos generados desde el consumidor.

individualidad

La necesidad constante de mostrar que, a pesar que hacemos parte del todo, interconectados, somos individuos particulares y únicos, está claramente potencializada por la impresión digital. Esto ha permitido campañas exitosas como la de botellas de Coca – Cola “personalizadas” o las etiquetas de Bon Yurt con las fotos de los consumidores.

Conectividad

El consumidor está cada vez más ávido de información sobre lo que adquiere. En los empaques está la puerta de acceso a esa información. Recetas sugeridas en las etiquetas, QR Code de información complementaria, empaques inteligentes que informan la temperatura del producto presente en su interior, son algunos ejemplos.

Sostenibilidad

Hace unos años lo importante era que te vieran siendo sostenible. Ahora, son muy importantes las acciones reales para NO impactar el ambiente. Los empaques han modificado profundamente sus materiales y se trabaja en la búsqueda de ciclos cerrados de reciclaje como botellas que son nuevamente botellas.

Listos para vivir

Hay una percepción generalizada que el tiempo ya no nos alcanza ¿Por qué pasa esto si el día sigue teniendo 24 horas? Por un lado, porque queremos y podemos hacer más cosas; y por otro lado están las actividades diarias que cada vez más parecen un ladrón del tiempo cómo comprar, cocinar, limpiar, transportarse y alimentarse.

En 20 años las ciudades colombianas han crecido en extensión y población. Como resultado, los tiempos de desplazamiento se han incrementado considerablemente. Según Moovit, el promedio de tiempo de desplazamiento es de 97 minutos en Bogotá y el 32% de las personas viajan más de 2 horas diariamente.

Entonces el consumidor ha encontrado dos estrategias: Eliminar los desplazamientos y hacer varias actividades simultáneamente para lograr multiplicar el tiempo.

De la primera resulta el éxito de los domicilios. Mejor aún, ahora ni siquiera hay que pensar en pedir el domicilio, se pueden solicitar productos de consumo constante por suscripción, como en el club de la leche de Alpina, o frutas y verduras semanalmente en La Canasta. Esto ha traído nuevos retos para los empaques, pues antes, su prueba de resistencia era hasta la llegada a la góndola, ahora debemos pensar en que deben viajar en un “morral” de domicilios o colgando en una bolsa de tela desde el manubrio de una moto. Pero ¿Qué pasa con los productos refrigerados? ¿Realmente funcionan en estas condiciones? La respuesta es que aún no en Colombia.

La segunda estrategia tiene como hábito importante la compra por medios digitales pues ésta se puede realizar mientras se transporta o se está en casa viendo televisión. Lo más interesante, el medio principal de compra es el teléfono celular, lo que quiere decir que el producto tendrá entre 1 y 1.5 cm de altura en pantalla. ¿Estamos diseñando los empaques para que el producto sea fácilmente identificable en esta nueva góndola virtual? Se deben utilizar hábilmente las herramientas de forma y color para hacer la diferencia.

Otro hábito desarrollado en éste sentido tiene que ver con la frecuencia y tamaño de la porción. La “snackificación” es una realidad. Los consumidores están buscando “tiempo libre” en los empaques, en sus características de conveniencia, como los zippers y las películas resellables. Están buscando portabilidad en los productos, esto hace referencia a poder llevar en la cartera y el morral, el desayuno o la merienda. Prefieren dosificadores que permiten consumir el producto sin necesidad de más aditamentos. Este es el caso de los stand up pouches usados en el consumo de compotas para bebés, que no solo permiten consumir el producto en movimiento sin derramarlo, mientras se viaja, sino que también permiten taparlo de nuevo si no se consume en su totalidad, además no requiere del uso de una cuchara.

Es así como a partir de los hábitos observados se han venido modificando las tendencias en los empaques de una forma vertiginosa. Por esta razón, es necesario que la observación de los comportamientos deje de ser simplemente interesante para convertirse en inspiradora y aún más, en urgente. Ya tenemos consumidores que tienen unas nuevas necesidades en su día a día, identificarlas, determinará el éxito futuro.

Por: Maria Paula Ruiz, Gerente de desarrollo de empaques Alpina