Las certificaciones establecen la base de un proceso industrial, reduciendo al máximo la incertidumbre frente a su ejecución y procurando la trazabilidad.

El sector alimentario en Colombia, en toda su cadena de valor, desde la producción primaria hasta los puntos de venta de alimentos al consumidor, incluyendo las empresas productoras de empaques, ha venido implementando modelos que garantizan la inocuidad.

Actualmente, las compañías productoras con más interés en certificarse son las que tienen negocios con el exterior, especialmente en mercados como USA, Canadá, la Unión Europea y el Reino Unido.

“Estos países tienen estrictos requisitos para los productos que importan, y también para las empresas que los producen, y allí es donde las certificaciones se hacen imprescindibles”, señala Mónica Lois, gerente general NSF International para Centroamérica, Caribe y Colombia.

En este sentido, la Iniciativa Global para la Inocuidad de los Alimentos – GFSI (Global Food Safety Initiative) ha avalado normas de gestión que buscan garantizar este objetivo. Esquemas de certificación como BRC Global Standards, IFS – International Featured Standards, SQF – Safe Quality Food, FSSC 22000, GLOBALGAP, Primus GFS, entre otros, tienen el más alto reconocimiento internacional y todas ellas se han implementado en el país.

Para Phillip Jarpa, líder global del segmento de procesadoras de alimentos de Kimberly-Clark Professional*, la base de la pirámide siempre han sido las Buenas Prácticas de Manufactura, el segundo nivel corresponde al sistema HACCP, que es considerado como algo que todas las empresas debieran ya tener implementado; después de eso vienen los marcos regulatorios de cada país.

Sin embargo, aún hay ausencia de certificaciones para proveedores que atienden la industria de alimentos en áreas que pueden tener un impacto en la inocuidad, tan básica y tan crítica como higiene de manos, limpieza de superficies, etc.

Entre otros beneficios, las certificaciones ayudan no solamente a reducir posibles puntos débiles, sino que permiten tener claridad de la trazabilidad de los procesos y los productos. Un valor agregado que abre puertas para la comercialización de alimentos a nivel internacional.

El desafío conjunto de la industria de alimentos y sus proveedores es construir una cultura de la
inocuidad, que impacta directamente en el comportamiento del personal a cargo de la producción, así como la implementación de sistemas de gestión de calidad cada vez más actualizados y eficaces en la prevención de riesgos de contaminación.