Sopas, panes, pizzas y hasta las hamburguesas pasaron de tener una connotación de comida poco saludable a ser productos derivados de uno de los cereales de mayor valor nutritivo en la actualidad: la quinua.

Es por ello que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha reconocido el cereal como un cultivo clave en la seguridad alimentaria.

A pesar de que la quinua es un alimento que se encuentra de forma nativa en casi todos los países de la Región Andina, el producto está en manos de pequeños agricultores que conservaron una tradición muisca que perdió importancia por la masificación del maíz desde la apertura de los mercados. Pero ha recobrado su importancia desde hace cinco años, cuando el sector privado decidió apostarle, hasta convertirla en un proyecto a gran escala.

Es así que la quinua revivió sus mejores días de la gastronomía muisca y regresó a la dieta de los colombianos, especialmente de quienes reconocen sus propiedades nutritivas y dietéticas.

Este logro también le corresponde a los emprendedores que no desaprovecharon la adaptabilidad del alimento para convertirlo en ingrediente base para más de 50 productos derivados.

Uno de ellos surgió de la alianza entre Luis Felipe Avella e Inés Patiño, fundadores de Factoría Quinoa, hoy la mayor firma compradora del producto en el país y uno de los pioneros en divulgar campañas para convencer a los agricultores de la rentabilidad y oportunidades del cereal.

El derivado mejor comercializado de la compañía es Quinoasure, una quinua instantánea en polvo que hace las veces de complemento alimenticio y puede adicionarse a bebidas, salsas o sopas como fuente de proteínas y fibras, y se consigue en diferentes presentaciones desde $24.000 en tiendas especializadas o a través de la página web quinoasure.com/es.

Suzanne Stoeckle, nutricionista asociada a la industria, asegura que existe en el mundo una mayor cultura de lo que los productos naturales pueden hacer por la salud y el bienestar. Eso también se debe al trabajo de empresas especializadas que han desarrollado fórmulas innovadoras para aprovechar al máximo las materias primas.

En la misma línea está Granos Andinos, un grupo cultivador, procesador y productor de derivados, que presta servicios de asesoría para que otras empresas adapten su montaje industrial a los granos, cuenta Diego Santana, gerente de la compañia.

Otra de las empresas que también goza de su propio mercado especializado es Balú, ubicada en la Calle 121 con Carrera Séptima, en Bogotá.

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Variedad productos

Solo en Balú, tienda certificada de alimentos orgánicos, están disponibles más de 25 referencias entre frutas, verduras, lácteos y golosinas. La quinua ha sido uno de sus productos más tradicionales y comercializado desde hace 10 años, pero en los últimos meses su demanda ha crecido a un ritmo de 20%, especialmente entre quienes padecen de alguna deficiencia o enfermedad, según explicó la ingeniera Francy Muletones.

Esto se debe, en parte, porque es un bien asequible: por $6.000 es posible comprar una libra del grano crudo y por $30.000 una malteada. La industria también produce para el mercado granolas, harinas, hamburguesas, hojuelas, flan y hasta masa de pizza.

Este último es, además, la especialidad de uno de los restaurantes italianos más conocidos de la capital del país: Oliveto Pizza Gourmet, que utiliza al grano como materia prima para 25 preparaciones que se consiguen desde $13.800 en porción personal. La quinua también está presente en pastas tradicionales y ensaladas con tomate, lechugas, piñones, aceitunas verdes y zucchini.

Otros reconocidos restaurantes de la ciudad como Vivir Bien, Quinua y Amarento, también han optado por el grano para incluir en sus platos productos orgánicos. Para los amantes a los postres naturales, Natural Breads combinó granos enteros (quinua, amaranto, linaza), harinas 100% integrales (centeno, sagú, trigo) e ingredientes naturales con panadería artesanal para elaborar panes, tortas, muffins y galletas que son surtidas a 18 restaurantes en Bogotá y Chía.

Pero la quinua no solo se usa como alimento. De acuerdo con una investigación de la Universidad Nacional, los tallos y las hojas sirven de materia prima para colorantes, ensilajes, papeles y cartones; y el grano es un insumo para la preparación de cerveza, champú, detergentes, crema dental y pesticidas.

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Las cifras del país

El crecimiento de esta nueva agroindustria está estrechamente ligado a la disponibilidad de cosecha en el país, lo que significa multiplicación del área sembrada. Nariño, Boyacá y Cundinamarca lideran este esfuerzo, sumando una producción de 390 toneladas.

El Gobierno estima que el potencial del país es de 10.000 hectáreas para los próximos cinco años y se podría duplicar si el alimento gana importancia. De hecho, el viceministro de Asuntos Agropecuarios, Hernán Román Calderón, aseguró que este cereal se considera parte de la fórmula para la bienestarina del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf).

El economista agrario Gerardo Bohorquez recordó que en 1976 se convocó a la primera mesa redonda sobre investigación de la quinua en el país. Sin embargo, dado que desde entonces son pocas las menciones que ha tenido el cultivo por parte del sector público, destacó que aún falta superar retos como la domesticación de unas 250 variedades disponibles, mejoramiento genético, la protección vegetal, transferencia de tecnología y planes de fomento.