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¿Críticas justificadas a la industria de alimentos?

Luego de dedicar más de dos décadas de su vida a trabajar en el sector de alimentos, el francés Christophe Brusset publicó serios cuestionamientos a la industria, en su libro "¡Cómo puedes comer eso!". ¿Cuáles fueron sus revelaciones? ¿Qué tan ciertos son sus señalamientos?

Dentro de los casos que denuncia están los caracoles de Borgoña que no son de este lugar, sino de los alrededores de Chernóbil. Especies molidas con heces de animales, miel que es puro azúcar o mermelada de fresas sin fresas, entre otras irregularidades. Situaciones que, asegura, realiza las industrias para no perder dinero ni su producción. A la vez, para volverse ser más rentables, perjudicando la salud y el bolsillo del consumidor.

También, afirma en su libro que los productos que consume la gente están plagados de aditivos como los colorantes o edulcorantes artificiales que han demostrado que generan un impacto negativo para la salud de quienes los consumen. Entre los ingredientes que cree que deberían evitarse a toda costa están las grasas saturadas, el aceite rico en ácidos grasos (concretamente el de palma y coco) y la fructosa. Sin embargo, el producto que le gana a todos estos y que no debería consumirse bajo ninguna circunstancia, según él, porque produce obesidad y diabetes, es el sirope de fructuosa.

Entre las denuncias que realizó en su escrito está que muchas de las compañías de alimentos suelen culpar a los consumidores por su mala alimentación. Sin embargo, para él, esta condición no depende únicamente del consumidor, sino también de la industria que brinda estos malos alimentos, que no son ni sanos ni éticos. Por eso, hace un llamado a los consumidores para que ejerzan su poder y cambien lo que se les ofrece en el mercado con el fin de que sea mucho más saludable. Ya que para él, estos no son los culpables de la basura, la obesidad, la diabetes y la contaminación que hay en el mundo, sino la industria.

En el 2014 entró en vigor en la Unión Europea la nueva ley sobre el etiquetado de los alimentos. Este ingeniero afirma que no siempre estar más informado implica estar más protegido. Además, porque este proceso de leer las etiquetas se convierte en una pesadilla para el consumidor. Cree que la mejor solución para mejorar el acceso a la información sobre los productos que contienen los alimentos está en crear un código de color como el que existe en el nivel de gasto de energía de las máquinas.

De esta manera, se estable si el producto es saludable o no.Además, considera que las autoridades deberían destinar mucho más dinero a realizar controles de mercado e investigar las industrias. Así, hay mayor prevención, control y acción frente a los procesos que realizan las compañías para que sean cada vez mejores y beneficiosas para los consumidores.

La contraposición del libro "¡Cómo puedes comer eso!"

Rodrigo Casteleiro García escribió un artículo en el portal de El País titulado "¿Cómo puedes fiarte de este libro?" donde critica al libro "¡Cómo puedes comer eso!" por ser alarmante y no contrastar los datos brindados.

Para Rodrigo, los fundamentos que ofrece Brusset en su texto son generalizadores. No toda la industria es así, entonces no se le puede culpar por casos que se salen de la normativa mundial. Esto lo justifica con la frase "somos lo que comemos" del alemán Ludwig Feuerbach, donde dice que gracias a la industria alimentaria los seres humanos ahora viven más tiempo porque están mejor alimentados.

Tampoco considera que se pueda culpar a unas empresas por vender productos de menor calidad que otras. Existen insumos que pueden costar mucho más dinero que otros porque son más beneficiosos, saludables o exóticos. Sin embargo, es la empresa la que tiene la potestad de elegir qué tipo de producto quiere elaborar y a qué nicho de consumidores quiere llegar, ya que no todas las personas tienen la misma capacidad adquisitiva para obtener y comprar los productos de la más alta calidad.

Entonces, está bien que existan alimentos que ayuden a cubrir las necesidades que hay en el mercado, sin tener la misma

calidad, pero que no afecten la salud humana.

Además, asegura que este libro denuncia sin denunciar, ya que no da los nombres de las empresas que ponen en riesgo la salud de las personas, ni tampoco denuncia estos casos ante las autoridades pertinentes, lo que pone en riesgo la veracidad de sus argumentos.

Brusset se defiende diciendo ante una entrevista realizada por García que ha contactado con las autoridades para darles a ellas los nombres. Y ha intentado trabajar con los políticos y con las asociaciones de industrias para hacer avanzar las cosas, pero todas le han cerrado la puerta. Incluso, asegura que las asociaciones históricas de consumidores no han querido trabajar con él porque todas forman parte del antiguo sistema y están financiadas directa o indirectamente por los lobbies de la industria. Solo nuevas asociaciones como Foodwatch han trabajado con él para contribuir en la mejora de la industria.

Por otro lado, para Rodrigo Casteleiro García, el hecho de que trate de infundir temor con que todos los alimentos dan cáncer tampoco es adecuado. Ya que incurre en falacias, mitos y desconocimiento sobre la industria.

Ante esto, entrevistó al doctor en bioquímica y biología molecular José Miguel Mulet para que le diera respuesta a los consumidores sobre este tema “¿Cuántos productos que son cancerígenos hay en una manzana o en un tomate? A veces nos olvidamos de que la mayoría de productos cancerígenos y tóxicos que ingerimos al cabo del día son de origen natural. ¿Por qué no nos preocupamos? Pues porque están por niveles muy por debajo del nivel de peligrosidad”. Y volviendo a esos residuos, Mulet matiza: “El hexano no aparece en el producto final. Se utiliza el hexano como en cualquier fábrica de carne utilizan lejía para desinfectar, pero eso no quiere decir que te aparezca en el filete”.

Después habla sobre los nitritos: “Los nitritos son un conservante que está muy regulado y que se utiliza desde siempre. Los antiguos egipcios ya utilizaban sales de amonio porque sabían que contenía nitritos que son conservantes de la carne y muy efectivo. Mata muy bien bacterias y hongos, muchos de los cuales pueden producir cosas tan desagradables como un botulismo. Y luego, aparte, reaccionan con la hemoglobina y hacen que la carne tengo un color rojo agradable. Si no se utilizaran nitritos, la carne se quedaría de color verdoso, un color que no le gusta nadie. Son cancerígenos, sí, pero en dosis muy altas y comiéndolos durante mucho tiempo”.

De esta forma, para Rodrigo se debe ser muy cauteloso a la hora de hablar si un producto da cáncer o no.

En el tema de los controles sanitarios y del etiquetado, también refuta a Brusset. Afirma que la Unión Europea realiza muy buenos controles sobre los alimentos, entonces no todos los productos pueden ser adulterados o irregulares.

“Los sellos de denominación de origen o de indicación geográfica o de especialidad tradicional se tardan años en conseguirlos. Los reconoce Bruselas y los controles son exhaustivos y totales. El fraude existe, pero no es algo que esté generalizado”.

Francia, por otro lado, afirma que tiene 3.000 normativas sobre alimentación que rigen en el mercado común, tal como lo precisan fuentes de la Federación de Industrias de Alimentación y Bebidas de España. Por ello, no es tan fácil que se realicen esas prácticas ilegales. Además, porque la Autoridad Europea para la Seguridad de los Alimentos, que es una autoridad independiente, hace una valoración científica de todas las sustancias.

Estas dos visiones ayudan a la industria de alimentos a ser cada día mejores porque aunque existen muy pocas compañías que realizan procesos ilegales y poco éticos dentro de la industria de alimentos, son un ejemplo que permiten a las otras compañías de este sector volverse más conscientes sobre la importancia de cumplir con la inocuidad y la normativa en todos sus procesos. Ya que a partir de allí, se pueden elaborar excelentes productos para brindarle a los consumidores y que vayan a corde con el cuidado de la salud.

Finalmente, en Colombia, el control a las compañías también es bastante arduo y deben seguir las normas propuestas por el Invima, por lo que no se puede generalizar que toda la industria de alimentos realiza proyectos que van en contra de la ley y la salud humana, ya que todo esta regulado y reglamentado.

Información tomada de: El comidista/ El País

Imagen: Alexánder Sánchez

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